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Movimiento libre en bebés: qué aportan Montessori y Pikler

  El movimiento libre en bebés consiste en ofrecer tiempo, espacio y condiciones seguras para que cada niño pueda explorar su cuerpo sin ser colocado constantemente en posturas que todavía no alcanza por sí mismo. No significa ausencia de límites, falta de acompañamiento ni esperar pasivamente que todo ocurra. El adulto observa, cuida y prepara el ambiente, pero no dirige cada movimiento. Las miradas de Emmi Pikler y María Montessori ayudan a comprender este modo de acompañar. No desarrollaron una teoría idéntica, pero comparten una idea valiosa: el niño participa activamente de su desarrollo y necesita oportunidades reales para actuar. Movimiento libre no es “no hacer nada” Cuando una familia escucha que debe respetar el desarrollo espontáneo, puede aparecer una duda lógica: “¿Entonces no tengo que estimularlo?”. El problema está en confundir estimulación con entrenamiento. Un bebé recibe estímulos cuando conversa con un adulto, busca un objeto, escucha una canción, toca dif...

¿Hay que enseñar a un bebé a sentarse, gatear o caminar?

  Madre ayuda a su bebé a mantenerse de pie durante el desarrollo motor y el aprendizaje de los primeros movimientos.

“¿Qué ejercicios puedo hacer para que mi bebé se siente?”. Después suele venir otra pregunta: “¿cómo hago para que gatee?”. Y más adelante: “¿cómo puedo ayudarlo a caminar?”. Son algunas de las dudas más frecuentes durante los primeros años y tienen algo en común: parten de una idea que parece bastante lógica, que el adulto tiene que enseñar cada nueva habilidad para que el bebé pueda desarrollarla. Si queremos que aprenda algo, pensamos, tendremos que mostrárselo, sostenerlo, colocarlo en la posición correcta o practicar con él. Sin embargo, el desarrollo motor es bastante más complejo que repetir posturas hasta conseguir que aparezcan.

Durante mucho tiempo la palabra estimulación se instaló con mucha fuerza en la crianza. Estimular el movimiento, el lenguaje, la atención, la inteligencia, los sentidos. La intención suele ser positiva, pero también puede generar una presión silenciosa: si no hacemos suficientes actividades, tal vez nuestro bebé pierda oportunidades. Desde ahí es muy fácil convertir momentos cotidianos de exploración en una especie de entrenamiento. Lo sentamos, lo sostenemos, lo rodeamos de almohadones, intentamos que apoye las manos o repetimos movimientos esperando que los incorpore. Y cuando vemos una postura final sentimos que aprendió. Pero estar en una posición y saber llegar hasta ella no son exactamente lo mismo.

Una postura visible no muestra todo lo que el bebé está aprendiendo

Cuando un bebé intenta alcanzar un objeto no está simplemente tratando de conseguir ese juguete. Percibe la distancia, tiene una motivación para actuar, organiza su cuerpo y recibe información sobre lo que ocurrió. Si no llega, probablemente modifique algo: puede estirar más un brazo, cambiar la mirada, utilizar una pierna o buscar otro apoyo. Después vuelve a percibir el resultado y realiza un nuevo ajuste. Ese circuito entre percepción y acción forma parte del aprendizaje motor.

Por eso, algunos movimientos que desde afuera pueden parecer torpes, desordenados o inútiles tienen sentido dentro del proceso. El primer intento no tiene por qué ser igual al segundo. Una superficie diferente, una prenda más restrictiva, otro objeto o una pequeña variación en la distancia pueden cambiar completamente la manera en que el bebé organiza el cuerpo. Desde la teoría de los sistemas dinámicos que aparece en el guion, las habilidades surgen de la interacción entre distintos factores, como fuerza, equilibrio, experiencia, motivación, tarea y entorno. La habilidad no aparece aislada, sino que se reorganiza según la situación.

Eso puede cambiar bastante una pregunta habitual. En lugar de pensar solamente “¿qué ejercicio tengo que hacer para que se siente?”, podemos empezar a preguntarnos qué oportunidades tiene para moverse, cuánto tiempo pasa en el suelo, qué libertad tiene para cambiar de posición y cómo está organizado el entorno donde explora. El propio guion propone este cambio: pasar de enseñar posturas a observar qué necesita el ambiente para que el bebé pueda practicar aquello que su cuerpo está intentando aprender.

El miedo a que “se quede atrás”

Aunque sepamos que cada bebé es diferente, las comparaciones aparecen constantemente. En la plaza, en una reunión familiar, en el grupo de madres y padres o incluso en redes sociales. “El mío ya gatea”, “la mía caminó a los diez meses”, “¿todavía no se sienta?”. Son comentarios que pueden parecer inocentes, pero cuando un padre ya está preocupado pueden transformarse rápidamente en una sensación de urgencia. Entonces buscamos ejercicios, aparatos o técnicas para acelerar el proceso.

El problema no es interesarse por el desarrollo ni consultar cuando algo preocupa. Eso es parte del cuidado. El problema aparece cuando cada diferencia se interpreta inmediatamente como retraso y cada hito se convierte en una meta que hay que alcanzar lo antes posible. El desarrollo motor sigue secuencias generales, pero existe variabilidad entre bebés. Al mismo tiempo, respetar esa variabilidad no significa que todo dé igual: una pérdida de habilidades, una asimetría marcada o una preocupación persistente merecen evaluación profesional.

Si querés saber cómo acompañar respetuosamente el desarrollo de tu bebé en cada etapa de 0 a 24 meses, descargá la Guía de Movimiento Libre. Es gratuita y tiene micro-acciones concretas por edad.

GabyVazquez fundadora de Club Oveja Negra-invitando a descargar la guía de movimiento libre para el desarrollo del bebé

¿Sentarlo con almohadones le enseña a sentarse?

Esta escena es especialmente frecuente porque parece intuitiva. Si queremos que aprenda a sentarse, pensamos que practicar sentado debería ayudarlo. Sentarlo entre almohadones puede permitirle permanecer allí durante un tiempo, pero la postura final es solamente una parte del proceso. Para llegar por sí mismo necesita construir otras capacidades: organizar los apoyos, trasladar el peso, controlar el equilibrio y aprender también cómo salir de esa posición.

Esto tampoco significa que sentar a un bebé alguna vez produzca automáticamente un daño ni que haya que transformar el movimiento libre en una lista de prohibiciones. El mismo guion aclara que no existe una prohibición universal para cada situación. La diferencia está en no confundir colocar repetidamente a un bebé en una postura con enseñarle a construirla.

Ese matiz es importante porque muchas familias llegan al movimiento libre y sienten que ahora deben tener miedo de intervenir. Aparece una nueva culpa: “lo senté antes”, “usé una sillita”, “lo ayudé a pararse”, “le acerqué demasiado los juguetes”. No se trata de revisar cada decisión pasada buscando errores. Se trata de incorporar una nueva pregunta para lo que hacemos de ahora en adelante: ¿esta ayuda le permite seguir participando o resuelve completamente la experiencia por él?

Movimiento libre no significa dejarlo arreglarse solo

Otro error frecuente es imaginar que respetar el movimiento autónomo significa no intervenir nunca. Un bebé no es responsable de reconocer una escalera, una pieza pequeña, un mueble inestable o cualquier otro peligro del entorno. El adulto sigue siendo responsable de la seguridad y también de responder cuando el bebé está cansado, incómodo o busca brazos.

La diferencia entre acompañar y dirigir cada movimiento puede ser muy sutil. A veces será necesario intervenir. Otras veces alcanzará con cambiar una condición del ambiente. Y en muchas ocasiones quizá descubramos que esperar unos segundos más era suficiente para que apareciera una respuesta que no sabíamos que nuestro bebé podía encontrar.

Tal vez esa sea una de las ideas más difíciles del movimiento libre: el objetivo no es conseguir un bebé que llegue antes. Es permitirle construir experiencia mientras utiliza su cuerpo. El guion lo resume desde una mirada muy clara: el movimiento libre busca que pueda conocer su cuerpo, encontrar soluciones dentro de un entorno seguro y llegar a cada nueva posibilidad con una historia propia de intentos.

Y cuando empezamos a mirar esos intentos, algo cambia también en nosotros. Dejamos de observar únicamente si ya se sienta, gatea o camina y empezamos a notar todo lo que ocurre antes. Quizás no necesitemos enseñarle cada movimiento. Tal vez nuestro trabajo sea bastante más complejo —y más interesante—: preparar, observar, cuidar y descubrir cuándo nuestra ayuda es realmente necesaria.

Guía de estimulación temprana para bebés de 0 a 24 meses con actividades de desarrollo infantil en casa.

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🕵🏻‍♀️ FUENTES DE INVESTIGACIÓN DEL CONTENIDO DE ESTE ARTÍCULO 📚

  • De Pena, Lucía & Diez, Mariana; Fundamentos del desarrollo psicomotor. Manual Didáctico, Universidad de la República, Uruguay, Comisión Sectorial de Enseñanza, 2023 ``.

  • Ministerio de Educación de Perú; Guía para el desarrollo psicomotor de las niñas y los niños de los PRITE, Dirección General de Servicios Educativos Especializados, 2023 ``.

  • Ministerio de Educación Nacional de Colombia; Desarrollo infantil y competencias en la Primera infancia, Corporación niñez y conocimiento, 2009 ``.

  • Asociación de Montessori; Vacaciones con Montessori 3 años, Edición pedagógica.

  • Stamm, Joan; Neurociencia Infantil. El desarrollo de la mente y el poder del cerebro de 0 a 6 años, Ed. Narcea, 2019 ``.


Por Gaby Vázquez — Fundadora de Club Oveja Negra. Docente especialista en Neuroeducación.

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